miércoles, 4 de julio de 2018

MUJERES DE ROMA, Heroísmo, intrigas y pasiones de Isabel Barceló


La pasión de Isabel Barceló por Roma no es desconocida para quienes solemos acercarnos a su blog y sabemos de primera mano el trabajo, el esfuerzo, y los años que ha invertido en la construcción de este magnífico libro.

“Mujeres de Roma, heroísmo, intrigas y pasiones” está a caballo entre la novela, el ensayo y la guía histórica. En él, Isabel Barceló nos invita a un viaje geográfico por las calles de la ciudad y a través de los personajes más olvidados de la historia- las mujeres, la mayoría ignoradas u olvidadas -  y con ellas a los acontecimientos que sucedieron en Roma. El libro es un testimonio de la importancia que tuvieron en el devenir de la ciudad.
Como dice Isabel en la introducción, Roma tiene nombre de mujer.

Comenzamos el recorrido desde la Vía Apia y la tumba de Cecilia Metela que nos sirve para conocer el papel de las matronas romanas y su derecho a ser honradas con un funeral público, honor que solo estaba reservado a los hombres importantes. Su papel fundamental en el mantenimiento de las tradiciones y de la vida de la ciudad mientras los hombres se iban a pelear contra los enemigos.
Isabel no desarrolla la historia de manera lineal, va saltando a través de ella, enlazando, viajando en el tiempo mientras recorremos los barrios, desde la mirada del pasado hasta la del presente, su crecimiento, sus vicisitudes, sus guerras, los asaltos de los bárbaros o las rivalidades entre las potencias europeas en los tiempos de Carlos V y su enfrentamiento con el papado. Y a lo largo de quince capítulos, hasta el siglo XIX, con el logro de la unidad italiana, iremos conociendo las mujeres que también hicieron posible la historia.

Isabel nos revela hechos cotidianos, escenas de la vida diaria de las mujeres. Algunas de ellas odiadas por su crueldad o astucia, como Livia, segunda esposa de Augusto o Tulia, capaz de asesinar a su padre por su ambición desmedida.  Agripina, la madre del emperador Nerón o Acté la liberta quien, desde la sombra, tuvo influencia sobre él. Mujeres amadas y olvidadas, como la reina Cleopatra. Mujeres heroínas, como Clelia o Anita Garibaldi, dispuestas a morir por el bien de su ciudad, por sus ideales.

Mujeres mártires, como Cecilia, cuya basílica en el Trástevere nos da cuenta de su vida y su sacrificio por mantener su castidad. Igual que nos revela la historia de Margherita Luti – La Fornarina- enamorada del pintor Rafael. O la de Giuditta Tavani y su lucha por conseguir un mundo mejor, lejos de los gobiernos papales y absolutistas. El Trástevere como barrio lleno de emociones e historias. Lucrecia y su oposición al maltrato. Su sacrificio mediante el suicidio para demostrar que era libre de tomar una decisión y, al mismo tiempo, mostrar la maldad de su agresor.

No solo hay mujeres nacidas en Roma en este libro. La ciudad atrajo visitantes de todos los lugares del mundo. Cristina de Suecia, tras abdicar del trono y convertirse al catolicismo, marchó a Roma. Era una mujer voluble y desconcertante y la veneración que recibió en un principio, se convirtió en odio. El palacio Corsini conserva la habitación donde murió esta apasionada y complicada mujer.  Paulina Bonaparte, la querida hermana de Napoleón al que nunca abandonó. Una mujer fascinante, seductora en cuyo corazón cabía todo el mundo.

¿Quién no conoce a Lucrecia, la amada hija de Alejandro VI? Su vida nos traslada a la cuesta del crimen, cuando Roma no era más que un pueblo sucio, lleno de callejuelas y canallas que convivían con la opulencia de la otra parte de la sociedad. En el Campo de Marte vivió Vanozza, la amante del cardenal Rodrigo de Borja, con quien tuvo cuatro hijos: César, Juan, Lucrecia y Jofré. Una hermosa mujer que siempre supo cuál era su lugar.
Mujeres artistas como Artemisia Gentileschi, respetada y venerada en su época y hoy prácticamente olvidada, quien posiblemente hubiera disfrutado de pintar a Beatrice Cenci, una mujer valiente y maltratada por un despótico y cruel padre. Por aquella misma vía del Corso paseó también, del brazo de Goethe, una mujer llamada Faustina. La poetisa Victoria Colonna, excelente conocedora de Roma y la sociedad de su tiempo.
Mujeres bondadosas, como Pero, por cuyo padre dio la vida.

Isabel Barceló ha dignificado a las mujeres que han vivido y tenido un papel esencial en la historia de Roma. Una de las cuestiones importantes es que Isabel no solo nos habla de los acontecimientos históricos, muchos de ellos ya conocidos, sino del significado que para los romanos tenían la moral, la filosofía o la manera de entender la política novelando con una prosa fluida, elegante, en ocasiones apasionada y emocionante la vida como ella la puede imaginar y que nos hace sumergirnos sin descanso en los distintos capítulos de este formidable libro.


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