jueves, 10 de mayo de 2018

LA VIDA SUMERGIDA - Pilar Adón



Pilar Adón es una escritora fiel a sí misma, ajena a las modas literarias y a los lugares comunes, características que se aprecian en sus publicaciones, no importa que sea poesía, novela o cuentos.   

“La vida sumergida”. es un libro con trece relatos de distinta longitud pero de parecida intensidad.

Los cuentos se inician de manera casi abstracta, con cierta inocencia. A través de la narración Pilar te va llevando con sutileza, introduciéndote en un determinado ambiente, en la vida o en la calmada actividad de un personaje, hasta que desvela con igual sutileza su verdadera naturaleza. Los personajes son cualquier cosa excepto lo que parecen, aunque en todos convive la necesidad de encontrar la felicidad, de aislarse o de huir de situaciones que les sobrepasan. Quieren huir, alejarse y, sin embargo, se quedan, incapaces en muchas ocasiones de enfrentarse valerosamente a su destino. De esta manera se enfrentan al vacío y a la sumisión.

Sumisión y fragilidad en la infancia, como en el relato “Recaptación” o “La nube”

“Pero ahora había perdido la apacibilidad y se resistía a someterse a la resignación”
“El mundo se había convertido en un hueco y ella estaba metida en el hueco”

El aislamiento y el miedo son dos factores que vehiculan algunos de los relatos.

Y el tiempo que siempre parece detenido, pendiente de la indecisión de los protagonistas.

Los distintos escenarios donde se desarrollan los cuentos son atemporales,  subyugantes, intensos y con un poderoso significado: son mansiones, casonas antiguas, centros de internamiento o colonias en plena naturaleza, una naturaleza que es hostil, que no está creada solo para la contemplación. Una naturaleza que nos recuerda a las escenas de “Las efímeras”. La utopía de la vida  sin artificios mundanos, en una comuna rusa inspirada en la Yasnaia Poliana de Tosltói que lo acaba ahogando.

Todos estos ambientes opresivos, aislados y silenciosos quedan enriquecidos con detalles certeros gracias a su mirada especial, como si  ésta se convirtiera en una cámara de cine que nos traslada a través de los escenarios a los rostros de los personajes y su comportamiento. En estos entornos los personajes muestran la debilidad humana, la frustración, el dolor, la ira, la venganza, la búsqueda del perdón o el sometimiento casi enfermizo y ambiguo a alguien cercano, generalmente sucede entre hermanos o hermanas. Como en el inquietante relato “Pietas” que abre el libro:

 “Así que le pidió a Brígida que se muriera. La única manera de conseguir una identidad personal. Y días después, Brígida estaba muerta”

O en el de “Vida en colonias”

“Al fin y al cabo, la vida de las abejas también era una vida de esclavitud. Y a ella le gustaba dejarse convencer por los razonamientos de su hermano”

O en el otro, también turbador de “Virtus”

“Cuando lo que de verdad quería decirle era que, en su opinión, ya se le había exigido todo lo que se le podía exigir a una hermana que se había trasladado hasta allí para pedir perdón. ¿Es que reclamaba aún más venganza?”

Es también destacable el cuento titulado «La primera casa de la aldea», una reconstrucción del cuento infantil sobre el miedo al lobo convertido en angustia y espera.

Algunos de estos personajes se refugian en la lectura y en la música, que son dos de los mejores refugios para el ser humano. Como sucede en los buenos cuentos, el lector debe rellenar lo que no se dice, lo que tan solo se sugiere. La autora confía en que nuestra intuición solvente lo que ella no narra con el resultado de un constante desasosiego hasta finalizar la lectura a sabiendas de que todo va a encajar a la perfección.

Pilar tiene la gran maestría de mostrar en una sola frase toda la intensidad del cuento. En algunas ocasiones son frases cortas que nos demuestran la crueldad del ser humano. O diálogos magistrales.

Todos los relatos mantienen un estilo uniforme, alejado de las estridencias, sin una palabra que sobre, sin nada que nos aleje de la lectura. Su estilo es impecable, lírico, como un bordado donde no se distinguen las puntadas, sin dejar de ser afilada y muy incisiva. Hay una atención permanente a la sonoridad de las frases, a todo el conjunto del relato lo que constituye un ejercicio de pura literatura.





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