Herida
y ventana es la segunda novela que leo de Fernando Parra Nogueras.
He tenido que dejar pasar unos
días para que todo lo leído se asentara bien en mi cabeza. Ya se ha dicho mucho
y bueno por gente que sintetiza mucho mejor que yo lo que ha leído y extraído
de un libro.
Herida y ventana es la dolorosa
crónica de una caída y la reconstrucción de una vida que parecía abocada a lo
peor, contada por su protagonista, un profesor de instituto.
La mezcla entre el amor con el
que narra la relación con su mujer, Bea, el dolor que le provoca su estado
psíquico, la implicación de ella, la frustración por no saber cómo ni qué hacer
para superarlo todo hace de este libro una lectura absorbente porque, además,
Fernando Parra lo escribe todo con un lenguaje bellísimo, poético donde cada
frase, cada palabra, cada mención literaria está en su justa medida.
«Se abrir las cerraduras de la
puerta de casa, pero no puedo con las del corazón»
Desgarra la implicación de toda
la familia para que el narrador supere esa terrible enfermedad: la depresión.
Bea que posee una ternura y una sutileza increíble para estar y no estar, para
ayudar y que no se note. La madre: la valentía, el llanto, el cuidado hacia el
hijo tan necesitado de ese cariño como cuando era un crío. El padre, el
hermano. Y la decepción por el abandono de los amigos, porque a nadie le gusta
estar con personas tristes.
Y poco a poco, a través de ese
tránsito desde el infierno, desde ese arcón donde se encierra en la casa de su
abuelo, va saliendo a la superficie de la vida, siempre con la presencia de
Bea.
En el capítulo 19 dice: «Es
posible que este libro me venga grande. Que el ejercicio de la escritura, en
general, me venga grande.»
Yo no lo creo. Si la escritura
sirve de tabla de salvación, es tanto para quien lo escribe como para quien lo
lee.
Herida y ventana es una novela conmovedora,
valiente, real y literaria.

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